miércoles, 25 de junio de 2025
ETERNIDAD
ETERNIDAD
Ahí, fuera de tu planeta
donde habitan las estrellas
y la blanca luna flota ligera.
Las estrellas fugaces surcan
el cielo eterno, allí van las
hadas a buscar otro tiempo,
y se traen a su mundo el
equilibrio de los astros viejos.
Al espacio infinito irán las
ninfas de los bosques perpetuos,
ellas ordenan el cosmos para
que siga existiendo, y volverán
cargadas de magia para cumplir
tus deseos.
martes, 24 de junio de 2025
AMBICIÓN
AMBICIÓN
En el profundo azul del cielo,
aparecieron las primeras luces del alba,
y con ellas las hadas.
El silencio fue roto por el batir de las
alas.
Los hombres volvieron a entrar en el
bosque de robles.
Lo que antes era belleza, ahora se
había convertido en un campo de
batalla.
Las ilusiones fueron rotas y
la esperanza nadie sabía donde se
hallaba.
El guerrero herido lloró.
Entonces un hada entristecida gritó:
¡Basta, basta ya de tanta violencia inútil,
absurda y amarga!
Las hadas unieron sus manos, cerraron
sus ojos y lloraron.
Lloraron por la ambición del ser
humano, y lloraron también por la madre
tierra,
¡todos perdemos en una guerra!
EL MANANTIAL DE LAS HADAS
EL MANANTIAL DE LAS HADAS
Desde hacía algún tiempo, en el mundo de las hadas, en el gran bosque de robles, las ninfas andaban un poco revolucionadas. Se aproximaba la noche de San Juan, la noche más mágica del año, pues en esa madrugada, es cuando se deroga la ley que prohíbe a las hadas mezclarse con los humanos.
Una pequeña hada, llevaba varios días observando a un joven, que todos los días al atardecer, se detenía a beber el agua fresca y cristalina de un pequeño manantial escondido en una parte del bosque.
Ella, traviesa como todas las hadas, aprovechando su invisibilidad, para burlarse de él, con su mano agitaba el agua y salpicaba el hermoso rostro del muchacho, que no llegaba a comprender, ¿ cómo podía suceder aquello cada vez que bebía aquel agua?, y luego escuchaba el murmullo de una preciosa risa lejana.
Cuando por fin llego la gran noche, la reina Titania, reunió a todas las ninfas y como siempre, les dio los consejos más importantes que un hada nunca debe olvidar:
_ ¡Jamás reveléis vuestro nombre a un humano!, conceded los deseos sólo a aquellas personas que realmente los merezcan, y por último, no os demoréis en regresar. Antes del amanecer tenéis que estar de vuelta en nuestro mundo.
Y dicho esto, todas las hadas volaron felices atravesando el velo invisible que separa el mundo feérico del mundo real.
Una vez en vuestro mundo, las hadas viajan a todos los rincones de la tierra y adaptan la forma que más les guste y más le diviertan.
Pero el hada pequeña, prefirió quedarse cerca del manantial, y no eligió ningún disfraz, ni quiso transformarse en ninguna forma hermosa, si se encontraba con el joven humano, quería que la viese tal y como era.
Cuando llegó a la pequeña aldea medieval, en la única plaza que había ya ardían las hermosas hogueras, con sus destellos rojos, azules, y amarillos.
Ella se acercó tímidamente, se sentó en el tronco de un árbol y se quedó ensimismada viendo el fuego y escuchando el crepitar que hacía la madera al quemarse. Comenzó a sonar la música y todo era alegría, la gente empezaba a levantarse y cada uno elegía a su pareja y comenzaban a danzar.
Estaba distraída viendo las figuras que formaban las llamas de la candela, cuando delante de sus ojos vio una mano fuerte, abierta, esperando su mano. levantó la cabeza y vio que era el joven del manantial, que la invitaba sin palabras a bailar con él. Ella sonrió y tomó esa cálida mano que apretaba suave la suya.
Al bailar y mirarse a los ojos, sus miradas hicieron que ya no existiese nada a su alrededor.
Ella se sentía tan extraña, y más aún, cuando comenzó a sentir como todo un universo lleno de emociones comenzaba a expandirse por todo su ser etéreo, acompañado de una melodía compuesta sólo por dos notas musicales, que golpeaba fuerte, muy fuerte, dentro de su pecho.¿Qué clase de hechizo tan mágico se estaba produciendo, que la hacía volar sin despegar los pies del suelo?.
¡Se sentía tan feliz!, como aquella vez que fue a bucear con su amiga Agua Marina, y le enseñó las profundidades del gran océano misterioso, donde está el mundo acuático donde viven las sirenas.¡Incluso más feliz diría ella!, cuando siendo una niña, visitó por primera vez el valle secreto donde habitan los unicornios.
_¡Ven!, dijo él, quiero compartir contigo un lugar.
Atravesaron una parte del bosque, y en un lugar oculto por las ramas de los árboles, se abrieron paso hasta llegar a un hermoso manantial de aguas plateadas y brillantes como un espejo.
_Este es mi sitio favorito, nadie viene aquí porque dicen que está encantado.
_¿Cómo que esta encantado? ¡rió ella sorprendida!.
_Sí, lo llaman el manantial de las hadas. Cuenta una leyenda que hace muchos años, un pastor, buscando una oveja que se le había extraviado, descubrió el manantial, y que al aproximarse a beber, se encontró con unas hadas muy hermosas que estaban jugando en él, al verlo se asustaron y desaparecieron. Cuando llegó a la aldea, contó lo que le había sucedido, pero nadie lo creyó, se burlaron de él y lo tomaron por loco. Pero la gente de la aldea por si acaso no se acercaron jamás al manantial.
_¿Y tú, crees en las hadas?.
_No sabría decirte, pero me gustan las hadas y las historias que cuentan sobre ellas.
_¡Esta noche es mágica!, ¿si te encontraras con una de ellas por casualidad, qué deseo pedirías?.
Él sin dudarlo ni un instante contestó:
_¡Estar contigo toda mi vida!.
Y la abrazo, y al hacerlo, antes de que la voz de su alma le dijera, que ella era lo que había estado esperando durante mucho tiempo, que ella era el amor de su vida, él ya lo sabía.
Cuando volvieron a la aldea, las hogueras daban ya sus últimos destellos de luz y de calor, y todos los aldeanos se cubrían con sus mantas para descansar antes de que llegara el nuevo día. Ellos hicieron lo mismo y durmieron acurrucados como dos gorriones en una fría noche de invierno, protegiéndose el uno al otro.
Cuando amaneció, los primeros rayos de sol con su caricia tibia la despertó de golpe, y vio que todos dormían a su alrededor, miró a su lado y vio el rostro de su joven amado que dormía apaciblemente junto a ella. Colocó un delicado beso en su mejilla y se fue de puntillas sin hacer ningún ruido.
El sol se hizo cada vez más luminoso y ella, a hurtadillas, entró en su mundo.
Pero al otro lado del velo invisible que estaba a punto de separar de nuevo las dos dimensiones, la estaba esperando la reina Titania junto con sus hermanas las hadas, que estaban muy preocupadas por su tardanza.
Fue a hablar para explicarse, pero su reina levanto una mano, y se hizo un silencio que lo llenaba todo.
Y aquella palabra que rara vez se pronuncia en el mundo de las hadas, salio de los labios de Titania:
_¡Te prohibo que mantengas una relación directa con cualquier ser humano!.
Todas las hadas al unisono exclamaron:
_¡Hoooooo......!, y se quedaron estupefactas.
Una a una, despacio, fueron alejándose para comenzar sus tareas.
El joven despertó ya entrada la mañana, se encontró que estaba solo, y la aldea empezaba a desperezarse para sacudirse el sueño, todo estaba preparado para recoger las cenizas de las mágicas hogueras antes de que fuesen esparcidas por el viento.
¡Qué extraño que ella desapareciera de esa forma!. Preguntó a sus vecinos, si habían visto a una joven menuda, con la que había estado bailando toda la noche, pero nadie le supo dar información.
La buscó por todas partes y sus pasos lo llevaron al manantial. Se asomó a sus aguas y vio el bello rostro de ella reflejado en el agua, sonrío y le dijo:
_¡Sabía que te en contraría aquí!.
Giró su cabeza seguro de que estaba detrás de él, pero cual fue su sorpresa, cuando descubrió que no había nadie. Miró de nuevo y su cara continuaba allí, parecía distinta, triste, y sus grandes ojos verdes, buscaban inquietos algo, algo que ellos no lograban encontrar.
Se sintió roto por dentro, sus ilusiones como un cristal muy fino se quebraron en mil pedacitos al comprender que era un hada, y por tanto estaban condenados a vivir separados.
En el otro lado del manantial, ella no dejaba de buscar el medio de ponerse en contacto con él, sabia que estaba allí, sin verlo lo sentía cerca, muy cerca, porque la luz de su amor que la iluminaba por dentro brillaba con fuerza.
¡ Pero el tiempo en estos dos mundos es tan diferente!, que mientras para ella habían pasado a penas unas semanas, para él había pasado una vida entera. Y día tras día, año tras año, él jamás había faltado ni una sola vez a su cita de cada atardecer, que era solo cuando la podía ver, reflejada en las aguas blancas del manantial.
Ella nunca se separó de él, necesitaba aquella energía que él le transmitía para seguir viviendo. Y un día de repente, sintió como poco a poco se iba apagando su querida luz, y su hermosa melodía que comenzó a sonar el día que lo conoció, sonaba ahora a ritmo muy lento. La luz se apagó para siempre y ella despacio se derrumbó, sabía que su amor se había marchado para siempre.
Sin fuerzas se quedó tumbada en un lecho de hojas secas, y un sentimiento nuevo nació dentro de ella, -¿que era aquello que le dolía tanto?-, ¡tanto que hacía que de sus ojos comenzaran a brotar gotas de mar, saladas y amargas como su propio dolor!.
Las haditas más pequeñas, notaron que algo sucedía y fueron a llamar a su reina.
Titania llego junto a ella y con sus manos dulcemente le sostuvo la cara.
_¡Dejaznos a solas! ordenó,- ¡no, no, no puede ser!- ¡llorar es una cualidad del ser humano, y solo se llora si se tiene corazón!- ¿acaso te amó tanto como para entregarte el suyo?.
La pequeña hada la escuchaba en silencio sin pronunciar palabra, no podía reprimir su llanto, y entre sollozos, solo pudo contestar:
_¡No he podido concederle su deseo!.
_¡Escúchame! dijo con calma su reina, -sabes muy bien porqué nuestros mundos deben de estar separados, ¿no es así?.
Ella asintió levemente con la cabeza.
_¡Yo solo quería protegerte !, y al hacerlo he ínflingido la regla más importante para las hadas. ¡Herir a una de mis hermanas!, por eso quiero corregir mi error. ¡Te concedo el paso al mundo de los humanos!, tal vez el destino te permita encontrarlo de nuevo, tomate el tiempo que sea necesario, cuando decidas volver, enviaré a una de nuestras hermanas a buscarte y te traiga de regreso al mundo al cual perteneces.
Dicho esto, con el hechizo más poderoso y nunca utilizado por Titania, el hada pequeña fue transportada al otro lado del manantial fuera de su hogar.
Con la cabeza aturdida y todavía tumbada en el suelo, con la luz del sol cegando sus ojos, pudo distinguir entre sombras unas siluetas. Vio que las patas de un caballo pecherón pararon a la altura de sus pies. Escuchó una voz de una mujer mayor que le decía a alguien:
_Cógela y subela con cuidado a nuestro carromato.
El manto de la noche comenzó a desplegarse, sintió que tenía frío y hambre, abrió la desvencijada puerta y sin hacer ruido, salió a la brillante noche cuajada de estrellas.
Varios carros hacían un semicírculo que rodeaban un gran fuego, y varias personas se calentaban mientras comían y escuchaban en silencio hablar a una anciana cíngara que narraba una historia. ¡Y no hay nada que le guste más a un hada, que un buen relato alrededor de una hoguera!.
La anciana, cuando la vio acercarse le hizo señas para que se sentase junto a ella. Le colocó una manta sobre los hombros y continuó con su relato.
La noche iba avanzando y los cíngaros vencidos por el sueño se fueron retirando poco a poco a descansar a sus carromatos.
Una vez que se quedaron a solas el hada y la anciana, la joven que no había pronunciado ni una palabra durante toda la noche le preguntó:
_¿En qué año estamos?.
La anciana que era muy sabía, intuía que esa maravillosa criatura que brillaba con una luz muy especial no era de este mundo, y sin que la pregunta la sorprendiera, la cíngara tranquilamente respondió:
_En 1862, ¿cómo te llamas?.
El hada se quedó cayada.
_¿No quieres decírmelo?, ¿o es que no puedes decirlo?.No, claro que no puedes decírmelo. Escucha, no se que has venido a buscar, pero te contare una historia que quizás pueda ayudarte.
Con un leño agitó las últimas brasas de la hoguera y echó un tronco, las llamas se avivaron y ella comenzó su historia.
_En mi pueblo, cuentan una historia que pasa de padres a hijos y así desde tiempos inmemoriables, dice así:
_Desde el comienzo de los tiempos, las almas viven en un lugar donde todo es equilibrio y perfección, donde todo comienza desde la eternidad, porque proceden de un creador llamado Amor. Cuando las personas vienen a este mundo, nunca vienen solas, pues un alma de ese lugar se divide en dos y cada mitad ocupa a una de esas personas para darle vida, pero sucede que no siempre coinciden en el tiempo, y se toman incluso más de una vida para volver a encontrarse y volver juntas al lugar de donde proceden. Por eso cada persona tiene que buscar su propio camino para reencontrarse con su alma gemela. Y sucede un milagro, en el instante en que se encuentran, al momento se reconocen y ya no vuelven a separarse nunca más. Puede que la encuentres en otro cuerpo, con otro rostro y otro nombre, pero si la encuentras en seguida lo sabrás. Se hace tarde, vamos a descansar, mañana al alba emprenderemos nuestro camino.
La anciana no se equivocó, al amanecer nuestra hada ya se había ido. Dejó al grupo de cíngaros y siguió su camino.
Permaneció entre los humanos durante mucho tiempo. Conoció todo lo malo y todo lo bueno que había en ellos, y desde que ella tenía corazón, comprendió que las personas sufrían mucho y que en sus manos estaba que el mundo funcionase mejor, pero ellos aun no lo sabían. También aprendió por que existían ellas, las hadas, las personas necesitaban un poco de ayuda a la hora de cumplir sus deseos, y eso solo lo pueden conceder ellas. Descubrió que las personas si eran felices con sus sueños realizados eran más buenas con los demás. Para ella los seres humanos eran hermosas y frágiles cajitas llenas de sentimientos.
Anduvo por toda la tierra y por donde iba hacía amigos, permanecía un tiempo en un lugar, pero siempre tenía que marcharse, pues la gente envejecía a su alrededor, mientras que ella permanecía igual, ya que las hadas viven mucho, mucho tiempo, y antes de que sospecharan sobre su naturaleza, tenía que partir hacía otro lugar y las despedidas le partían el corazón. ¡ Había llegado a querer demasiado al ser humano !.
Y un buen día, supo que estaba cansada, y sintió nostalgia de su mundo, pensó que era hora de regresar a casa. Pero se iba de este mundo con una pena infinita, ¡no había encontrado al amor de su vida!, y eso la entristecía.
Decidió volver al valle de donde salió una vez hace siglos. Allí se encontraría con una de sus hermanas que la acompañaría de regreso a su mundo.
Llegó una mañana fría de Enero de 2016. Cuando bajó del autobús, se quedó mirando con ternura aquel precioso pueblo, que antaño había sido su pequeña y querida aldea.
Le llamó la atención una librería preciosa y entró, la temática de los libros, eran las hadas. Cogió uno y después de hojearlo, sonrío, al comprobar lo poco que sabían los seres humanos acerca de ellas. Leyó un párrafo donde decían que ellas no tenían alma. -¿Como no vamos a tener alma?, ¡si somos espíritus de la naturaleza!, ¡claro que tenemos!, un alma distinta, pero alma al fin y al cabo. ¡Todos somos hijos de esta hermosa creación!.
Dejó el libro distraída y al girar para marcharse, tropezó con una montaña de libros que la dejó sentada en el suelo, y detrás de los libros estaba un chico muy preocupado, que se agachó para ayudarla a levantarse:
_¡Lo siento, no sabes cuánto lo siento!, ¿te has hecho daño?, ¿qué puedo hacer para que me perdones?.
_No te preocupes, no ha sido nada.
_¿Por qué no me esperas en el manantial de las hadas mientras ordeno este caos?.
_ ¿En el manantial de las hadas?.
_ Sí, en la cafetería que está justo al otro lado de la calle. ¡No tardo nada, te invito a un chocolate caliente!.
_Eres muy amable, pero no es necesario. Gracias de todas formas.
_Por favor, insisto.
El hada que fue a buscarla, la encontró en la cafetería sentada junto a la chimenea. Al principio le fue difícil reconocerla, había perdido parte de su belleza, sin embargo, aun guardaba restos de lo que era, como su cabello largo del color de la corteza de los árboles, y sus ojos verdes brillantes como los primeros brotes de las hojas en primavera. Fue a acercarse, cuando detuvo sus pasos porque un joven se acercó a su hermana. Y lo que nadie pudo ver salvo ella la dejó , ¡maravillada!.
El hada pequeña se puso de pie para recibir al joven , y en un instante, el aura de color amarillo de ella brilló como el sol en un día de verano, y la de él de un azul índigo, abrazó aquel sol, fundiéndose ambas en una llamarada violeta. ¡Dos almas se habían reconocido , y se fundieron en una sola para no separarse nunca más!. El aura violeta se fue haciendo cada vez más luminosa y fue invadiendo el interior de su hermana, entonces comprendió, que ya no tenia nada que hacer allí. Entristeció porque en su mundo habían perdido a una de sus hermanas, pero tal vez Titania ya lo sabía.
_¡Hola, ya estoy aquí!.
El hada pequeña, miró su cara y en sus ojos, ¡había algo tan familiar!.
El miró también sus ojos y no podía explicarse qué era lo que estaba sintiendo.
Se quitó el gorro y los guantes de lana y le ofreció su mano para presentarse. Al roce de sus manos, la luz que se había apagado hace mucho tiempo en el interior de ella, se encendió de pronto y la música de su corazón sonó alta y clara. Y entonces él dijo:
_No sé, te parecerá una locura, ¡pero tengo la extraña sensación de conocerte desde siempre!.
Ella sonrío y burlona contestó:
_¡Sí, nos conocemos desde la eternidad!.
_ Me llamo Yoel.
_Aritovi.
FIN
Este cuento esta dedicado a una
persona muy especial en mi vida,
a mi madre, que toda su vida fue
mi hada Madrina.
EL ÁRBOL SOLITARIO
Había una vez un árbol solitario,
que vivía enamorado de la primavera,
todos los años sus encuentros eran mágicos,
ella aparecía con su vestido azul y le daba
compañía con mariposas, flores y pájaros.
Él la correspondía creciendo feliz a su lado,
y cuando ella se iba, él guardaba vida para el
próximo año.
Al año siguiente, su amada no vino y al otro tampoco.
Qué ha pasado?, por qué no viene?, la necesito!.
Y el árbol solitario, triste, poco a poco
se fue marchitando.
Al tercer año, cuando la primavera volvió,
se encontró a su árbol totalmente desprotegido,
su hermano el invierno lo había dejado vencido.
Lloró y lloró, y se preguntaba: por qué me habré
entretenido?.
Pero él no dejó ningún reproche, sólo dentro de su
tronco, la primavera encontró la última flor
que ella le había ofrecido.
FIN
EL NIÑO AL QUE NO LE GUSTABAN LOS BESOS
Daniel era un niño de unos diez años, y como todos los niños de su edad, era travieso, alegre, y le gustaba ir al colegio. Allí tenía a su mejor amigo Alex, con el que compartía la gran aficción del fútbol y los vídeo-juegos. Pero sobre todo, su gran pasión era coleccionar cajas. No importaban del tipo que fuesen, de cartón, de lata, de madera, grandes o pequeñas.
Lo que no le gustaba eran los besos. Pensaba que era una tontería, eso de hacer "mua" con la boca y sobre todo no le gustaban los besitos de su hermana pequeña, que cuando lo besaba, se quitaba el chupe y en su mejilla dejaba o bien un cerco de baba y sino de mermelada.
Como todos los días, a las ocho menos cuarto de la mañana, se levantaba ya preparado para ir al colegio, desayunaba y ya estaba listo para la gran tortura de todas las mañanas. Aguantar el beso de despedida de sus padres, de su abuelo y de su hermana.
El ponía su cara y la arrugaba como si los besos le quemaran, pero aún así, se dejaba besar. Una vez que salía de casa, con gran disimulo se limpiaba la cara con la mano, borrando todo rastro de los besos que le habían dado.
Su madre lo sabía, pero no por eso se daba por vencida.
_¿Papá, crees que algún día cambiará?- Le preguntó a su padre un poco entristecida.
_¡No lo dudes ni por un momento!_ Contestó el abuelo de Daniel_ ¡Tienes que tener un poco de paciencia!, ¡es la edad, está creciendo muy deprisa y se siente muy mayor!.
Daniel para ir al colegio, siempre tomaba un atajo y atravesaba un parque. Le gustaba esa hora de la mañana, y dar su paseo matutino antes de llegar a clase. A esa hora, se encontraba el parque recién regado, todo estaba en silencio, sólo se oían el canto de los pájaros y el ruido que hacían Bartolo y Tomás, los jardineros encargados de mantener el parque en perfecto estado.
_¡Daniel, buenos días!_ dijo Bartolo.
_¡Hola!_ contestó el niño, levantando la mano para saludar, y siguió su camino.
A unos cuantos metros, vio que en uno de los bancos próximos a él, había una anciana sentada. Estaba echando migas de pan a las palomas y trataba con mucho esfuerzo de coger un trozo de pan que se le había caído.
Daniel se apresuró a cogerlo y se lo entregó en la mano a la vez que se sentaba junto a ella.
_¡Gracias hijo!._Dijo la anciana con una voz suave y melodiosa cargada de amabilidad.
_No tiene importancia.
La anciana siguió tranquilamente desmigando el pan, como si tuviese todo el tiempo del mundo, y Daniel se limitó a ver a las palomas comer junto con algunos gorriones que se habían invitado al festín.
De observar a las palomas, pasó a mirar de reojo a la anciana. Tenía un aspecto muy peculiar. Iba vestida con un traje largo de un tejido precioso y muy ligero, de color azul cielo como sus ojos y un estampado de flores con pajaritos diminutos de muchísimos colores, parecía que la primavera se hubiese instalado en aquel maravilloso vestido, que daba a su rostro una serena alegría, haciendo que pareciese mucho más joven de lo que en realidad era, a pesar de su hermoso cabello blanco, al que tenía recogido en un gracioso moño, prendido con una gran pinza con perlitas blancas incrustadas en ella.
La anciana con una sonrisa dibujada en la cara miró a Daniel, y sacudiéndose las migas de pan de su vestido, volvió a sonar aquella agradable voz para decir:
_¡Bueno jovencito! tengo que marcharme, mis amigas las palomas ya han desayunado, así que yo también voy a hacer lo mismo.
_¿No es usted de por aquí verdad?
_No, solo estoy de paso. He venido a pasar unos días con mi nieta.
Y la señora, levantándose cogió su bolso y se despidió de él.
_¡Adiós! dijo Daniel, quedándose un poco más de tiempo distraído mirando a las palomas. Cuando miró su reloj eran ya las nueve menos cuarto. Jamás había llegado tarde al colegio. Apresuradamente se levantó y su mano tropezó con una caja. La cogió con prisas y buscó con su mirada a la anciana por todas partes, pero no la encontró. Metió la caja en su mochila y salió disparado como una flecha.
Su amigo Alex, cuando lo vio llegar corriendo, soltó una carcajada y dándole un codazo le preguntó:
_ ¿Qué te ha ocurrido hoy? ¡eh! ¿se te han pegado las sábanas ésta mañana?.
_¡No, no! sólo que me he distraído por el camino.
Una vez dentro de clase, Daniel no podía concentrarse en los estudios. Sólo podía pensar en el encuentro con aquella mujer tan curiosa y en la caja que tenía guardada en su mochila.
Pero a medida que transcurría la mañana, se fue olvidando, y más aún, en la hora del recreo, cuando iban perdiendo, jugando al fútbol contra el equipo de las chicas.
Al llegar a su casa enfurruñado, cogió su merienda y subió a su cuarto a estudiar.
Venía cargado de deberes que hacer y estudiar para un examen de Mates que tenía al día siguiente.
Se fue haciendo de noche, y su madre, viendo que no bajaba a cenar, le subió un vaso de leche y un sandwich de pollo. Depositando la bandeja en su mesa de estudios, le atusó el cabello y le dio un cariñoso beso en la cabeza. Daniel apenas lo percibió, pero supo que su madre lo había besado. Y ésta vez no se lo quitó como hacia siempre.
_¡No te acuestes tarde!
_No mamá.¡Hasta mañana!.
Se dispuso a meterse en la cama y apagó la luz, cuando de su mochila, comenzó a salir un pequeño destello de color rosa. Daniel sorprendido encendió la luz y el destello desapareció. La apago de nuevo y allí estaba el resplandor rosado. Sobresaltado, se dirigió a oscuras al lugar de donde procedía la luz, y se dio cuenta de que provenía de su mochila. La abrió y se encontró con la caja que estaba toda envuelta por una luminosidad rosa.
La tomó en sus manos y encendió la luz para poder examinarla con detenimiento._¡Cómo había podido olvidarse de ella! ¡era la caja más hermosa que nunca había tenido ante sus ojos!.
Parecía que estaba hecha de un material muy frágil. Como si fuese a romperse de un momento a otro. Sus laterales tenían pintados motivos muy delicados de florecitas de varios colores, y en la tapa, estaba el dibujo de una preciosa niña, que protegía a su vez entre sus manos con mucha ternura otra caja, donde con letras en relieve decía :"GUARDABESOS" .
Daniel levantó la tapa para ver que contenía su interior, y descubrió una pequeña mariposa de color rosa que brillaba en un rinconcito. ¡Se quedo maravillado!.
Le dio vueltas a la caja buscando algún mecanismo que hiciera que la caja se iluminase de aquella forma. Pero no encontró ningún orificio donde se pudiese conectar con un cable a la electricidad, ni tampoco ninguna llave para darle cuerda como en las cajitas de música, ni ningún hueco con tapa donde colocar pilas. ¡Sin lugar a dudas era una caja extraordinaria!.
Se metió en la cama y se quedó dormido con la caja entre las manos, alumbrando su carita como si de una linterna se tratara.
Al poco tiempo de quedarse dormido, comenzó a soñar . Y se encontró en pijama en medio de un camino que conducía a un jardín. Al llegar a él, tuvo que separar unas ramas de madreselva para poder acceder dentro. Una vez allí, vio que una niña, más o menos de su edad, con un vestido blanco muy vaporoso y adornado con pequeñas estrellitas plateadas, bailaba en el centro de un cenador muy espacioso. Hecho de piedra blanca y descubierto por ocho arcos adornados todos ellos por guirnaldas de rosas blancas. El techo en forma de bóveda construido por cientos de cristales de colores, que formaban una hermosa composición geométrica igual que cuando miras a través de un caleidoscopio.
En el fondo del cenador, había tres mujeres ataviadas con ricas túnicas y de rostros angelicales. Una de ellas, estaba sentada en un banco de piedra tocando un arpa de oro, y las otras dos de pie, una tocaba una flauta de plata y la otra un violín de nácar.
La niña al ver a Daniel, se dirigió hacía él con paso ligero y sonriendo le tendió las manos. Era la niña mas encantadora que Daniel había contemplado.
Su rostro ovalado de una blancura semejante al de la nieve, y con unos ojos tan verdes y profundos como el fondo del mar, y todo su rostro enmarcado por unos cabellos largos del color de las castañas maduras y perfumados por una coronita de flores que portaba sobre su cabeza.
_¡Baila conmigo!_ dijo la joven
_No sé bailar_ contestó el niño un poco avergonzado, no porque no supiese bailar, ¡que no sabía!, sino por lo ridículo que se encontraba en pijama.
_¡No importa !, tú dejaté llevar por la música que tocan mis hermanas.
Y la niña lo tomó de una mano y colocó la otra en su hombro. Al momento la música los envolvió y bailaron sin ninguna dificultad, como si hubiesen bailado juntos toda la vida.
Cuando acabaron, la niña cogió de la mano a Daniel y muy feliz le dijo:
_ Ven, te enseñaré mi jardín.
El hermoso jardín, estaba compuesto por miles de flores y árboles, todo dispuesto de una forma armoniosa rodeando un estanque, donde florecían los nenúfares blancos con sus grandes hojas verdes, que sostenían a las ranas que junto con los grillos entonaban su particular melodía.
Todos los lugares por donde pasaban estaban impregnados de fragancias, o bien por rosas, o por nardos, por el jazmín, por la dama de noche. Y los árboles grandes como el roble, la jacarandá, los almendros, que daban cobijo a las pequeñitas luciérnagas, que brillaban en los huecos de sus pequeños hogares. Y todo el hermoso jardín estaba bañado por la suave luz plateada de la luna llena con carita de niña.
_¿Vives aquí, en este fantástico lugar? _ preguntó el niño, sobrecogido por la belleza del jardín.
_Sí, contestó la niña con tristeza. Es un hermoso lugar, pero nunca viene nadie a verme._ Y diciendo esto, sintió en su hombro una mano suave y detrás de ella una bonita voz de una de sus hermanas que le decía:
_Tenemos que irnos, el amanecer llegará pronto. Despídete del niño humano._ Y la tomó de la mano tirando ligeramente de ella con suavidad.
_¡Espera, déjame despedirme de él!. ¡Gracias por haber bailado conmigo!. ¿Puedo darte un beso de despedida?, ¡ya no volveremos a vernos!.
Pero Daniel dudó unos segundos, y en esos preciosos segundos que perdió, la mujer se llevaba a la niña, y el jardín comenzó a difuminarse poco a poco, engulléndose en una niebla blanquecina. Lo último que pudo ver el niño antes de que desapareciera todo, fue la carita de la niña que miraba hacia atrás con sus grandes ojos verdes y la lagrima que caía de uno de ellos delatando la enorme tristeza que sentía.
Daniel se despertó de golpe, con una extraña sensación de inquietud en el pecho. Recordaba el rostro triste de la niña, y eso le hizo pensar _ ¿ Y su familia, sentiría la misma tristeza cada vez que él no aceptaba un beso?.
Cuando bajó a desayunar, a cada miembro de su familia fue poniéndole su mejilla para recibir un beso, y él lo mismo que los aceptaba también fue repartiéndolos.
_¿Qué mosca te ha picado esta mañana?_ preguntó su abuelo sorprendido.
_ ¡A mí ninguna!, ¿qué hay de malo en daros un beso?
_No nada, no hay nada de malo, al contrario. _ Dijo su abuelo sonriendo.
Y era verdad,no está tan mal eso de recibir y repartir besos, pensó Daniel también sonriendo.
Cuando se iba a marchar para el colegio, se acordó que se había dejado la mochila en su cuarto y subió a recogerla. Al abrir la puerta, no hizo falta ni siquiera encender la luz. Todo su cuarto estaba iluminado por muchos rayos de colores que procedían de la caja. La abrió, y de ella salieron mariposas brillantes cada una de un color, e hicieron un remolino al rededor de Daniel y con sus alas acariciaron suavemente las mejillas del niño, y entonces comprendió que había dos mariposas de color rosa, otra dorada y una plateada, y la última roja del color de la mermelada de fresa que comía su hermana.
Rió alegremente y ya supo lo que pasaba. ¡Las mariposas eran besos!.Los besos que había recibido la noche anterior de su madre y los de esta mañana. ¡Eran tan hermosas, que se sintió feliz, así sin más!
Cuando fue a cerrar la caja, todas las mariposas fueron entrando una a una, como hojas llevadas por una brisa de viento, y guardó aquel preciado tesoro en el cajón de su mesa, donde guardaba todas las cosas importantes.
Por la tarde Daniel y su hermana estaban jugando, cuando llamaron a la puerta. Al abrir se quedó boquiabierto cuando vio ante sus ojos a la anciana del parque. Se quedó un poquito inmóvil, sin saber qué hacer, ni qué decir.
Pero la anciana con su voz tranquila y sosegada habló por él.
_¡Hola Daniel! ¿Creo que tienes una cosa que me pertenece?.
_Sí _ contestó Daniel un poco apurado._ Intenté devolvérsela, pero no pude.
_Sí, lo sé. Pero no te preocupes, sé que mí caja ha estado en buenas manos. ¿Ahora por favor me la devuelves?
_¿Cómo ha sabido dónde vivo?.
_¡Muy fácil!, mí nieta está en tu colegio, en un curso superior, y me ha dado tú dirección.
_Espere por favor, voy a buscarla.
Cuando se la entregó, su cara reflejaba un poco de tristeza, le costaba tanto desprenderse de esa maravillosa caja, y sin pensar si quiera en lo que decía le preguntó:
_¿Es usted un hada?.
_No, Daniel, contestó la amable anciana sonriendo. Yo sólo soy una abuela a la que le gustan mucho los besos.
_¿Y si no lo es, cómo es que tiene una caja así? ¿y por qué antes de conocerla no me gustaban los besos? ¿y ahora dónde voy a guardar yo mis besos?.
_ ¿No te parece que son muchas preguntas de una vez? . Rió la señora, ¡pero voy a respondértelas todas!.
_Bueno, comenzó la anciana con mucha paciencia. _Esta caja me la trajo de Irlanda, una persona muy querida por mí, y nunca me he separado de ella, hasta hace unas horas, cuando la extravié en el parque, _y si a ti antes no te gustaban los besos, era porque jamás dejaste que hicieran su efecto, siempre tenias prisas por borrártelos de la cara, sin saber que los besos que quería darte tu madre, con ellos te quería demostrar todo el amor que siente por ti, son los besos más generosos que puede entregar una persona, sin pedir nunca nada a cambio. Tu padre con su beso, te da todo el ánimo posible para que afrontes con valentía todos los obstáculos que te puedas encontrar a lo largo del día. Y tu abuelo ¡te da toda su ternura sin guardarse ni una gota!, y ya los besitos de tu hermana son ¡pura alegría!.
_¿Y dónde vas a guardar tus besos?, ¿pues dónde va a ser ?. ¡Tu tienes una caja mucho más bonita que esta!
_¿Sí?, ¿y dónde está?.
Y la anciana con su dedo indice, señaló el pecho de Daniel.
_¡Aquí!¡ en tu corazón, ahí es donde se guardan los besos! A partir de ahora, cada vez que recibas uno, irán directamente ahí y harán que cada vez seas un poco más feliz. ¡Ah! y no te preocupes por los besos que te den y no sean sinceros, esos no entraran, se esfumaran en el viento.
_ ¿Cómo sabe tantas cosas?, ¿seguro que no es un hada?.
_No Daniel, solo tengo muchos, muchos años, y he vivido demasiado. Y ahora tengo que marcharme, pero antes quisiera hacerte un pequeño regalo.
_¿Cuál? _ dijo Daniel.
_Permíteme,contestó la señora_ Quisiera regalarte un beso, con el te doy las gracias por haber cuidado de mi caja. Y Daniel sonrió gustoso y le ofreció su mejilla, donde ella colocó un suave y cálido beso.Y Daniel sintió en el pecho una alegría , como sí una mariposa hubiese revoloteado dentro de él haciéndole cosquillas.
Así fue como se despidió de la extraña señora y desde entonces ya nunca dejó de dar y sobre todo de recibir besos.
FIN
EL CABALLITO DE MAR
EL CABALLITO DE MAR
Caballito blanco, caballito azul,
dime ¿de donde vienes tú?
vengo de la espuma salada
de los mares del sur,
dime ¿que vienes buscando?
¿y si te puedo ayudar yo?.
Busco el corazón de una sirena,
pues un pirata se lo robo,
¿ si me quieres ayudar?
¡ encuentra el cofre donde él lo guardo!.
¡Aquí está el cofre, tiene música en su
interior!
son los hermosos golpes de los latidos
del corazón,
¡pero el cofre no se abre!, tiene cadenas
y un candado a su alrededor,
¿si encontramos la llave?,
¡tenemos la solución!,
no te aflijas más por eso,¡ la llave
la tengo yo!
¡Eso contestó el pirata Robinson!
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